Como consecuencia de varios siglos de actividad minera en México y
posteriormente, debido a la industria de la química básica, petroquímica y de
refinación del petróleo, se han producido cantidades muy grandes, pero muy
difíciles de cuantificar, de residuos peligrosos. Aunado a lo anterior, la
intensa actividad de otras industrias, junto con accidentes durante el
almacenamiento, transporte o trasvase de sustancias (fugas, derrames, incendios)
y la disposición clandestina e incontrolada de residuos, contribuyen en gran
medida a la contaminación de suelos (SEMARNAT, 2002). El número de sitios
contaminados, aún en las estimaciones más conservadoras, asciende a varios miles
de lugares cuyo riesgo potencial es desconocido. De acuerdo con datos publicados
por el INEGI (2000), la superficie de suelo degradado por causas de
contaminación en 1999 fue de 25,967 km2.
Los mayores problemas de contaminación en el agua se presentan en el Valle de
México y el Sistema Cutzamala, seguidos por la península de Baja California.
La contaminación del agua puede provocar enfermedades infecciosas
intestinales; en el 2010, en nuestro país, estos padecimientos
fueron la tercera causa de muerte en niños menores de un año,
registrando 1 277 fallecimientos.
La contaminación que se genera en los ríos de México llega por este medio al
mar, afectando la calidad del agua en las zonas costeras. De acuerdo con la
SEMARNAT, en 2009 se monitorearon poco 338 playas, de las cuales 99% resultaron
con niveles de contaminación aceptables.

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